España, ante el reto de integrar a nuestros hijos

YOLANDA MARÍN / AUDREY CÓRDOVA
MADRID

Hace 11 años que Alicia Rodríguez dejó en su Ecuador natal lo más preciado de su vida: marido, tres hijos y dos negocios, uno de sastrería y otro de alimentación. “La situación en mi país se había vuelto muy difícil. Los precios aumentaron y nuestra moneda no valía nada”.

Este fue el inicio de una vida de sacrificio que hoy cuenta desde su locutorio en Getafe rodeada de sus hijos: los motores de su vida y el motivo que la llevó a buscar un futuro mejor en otro continente.

Ahora que Alicia y su marido Víctor han construido un hogar y sentado las bases para el futuro de Bryan (15 años), Cristina (18) y Elisabeth (25 años), también se preocupan por el qué harán ellos el día de mañana. Y es que España, un país relativamente joven como receptor de inmigrantes, se enfrenta a otro gran reto: la integración de los hijos de esos miles de extranjeros que residen en el país.

El grado de esta integración de los que han vivido su infancia o inicio de adolescencia en España es en gran parte lo que ha querido investigar el reciente estudio publicado por el Instituto Ortega y Gasset, en el que se encuesta a los padres e hijos de inmigrantes (este último se publicó en 2010), dirigido por la catedrática en Sociología e investigadora Rosa Aparicio y Alejandro Portes, director del Centro de Migraciones y Desarrollo de la Universidad de Princeton,  Estados Unidos,  el único país que ha hecho estudios de este tipo anteriormente.

¿CUÁL SERÁ SU FUTURO?

Cristina Puma, la segunda hija de la familia, tiene muy claro cuál será su futuro, al menos por ahora:  “Después del instituto quiero seguir estudiando. Me gustaría hacer un modulo de grado medio en informática”. Cristina no contempla una educación universitaria por una sencilla razón:  “Hoy en día hay que pensarse bien lo que uno va a estudiar simplemente por la situación económica. No sé dónde estaremos dentro de dos años”.

Una de las conclusiones del estudio del Instituto Ortega y Gasset es que las expectativas educativas y laborales de los encuestados son relativamente modestas, apenas una minoría quiere lograr un título universitario.

Rosa Aparicio, autora de la investigación, explica que estas expectativas pueden radicar en el estímulo que puedan tener los jóvenes: “Muchos padres estimulan a sus hijos, incluso en niveles socioeconómicos bajos, y es verdad que los padres se implican, pero a veces no tienen las herramientas suficientes para animarlos”.

Aparicio señala que estas herramientas pueden venir marcadas por la sociedad: “Hay veces que los padres tienen un buen nivel educativo y ocupan unas posiciones muy bajas, porque al inmigrante no se le dan otros trabajos en la mayoría de los casos. Esto desanima mucho a los hijos”.

Así se deja ver en la investigación, la cual indica que el 66,1% de los padres inmigrantes con educación universtaria se encuentran en ocupaciones de nivel medio bajo y que en el caso de las madres con el mismo nivel de educación este porcentaje se eleva al 70,8%.

¿SE SIENTE ESPAÑOL?  

Bryan, el más joven de la familia, tiene 15 años y fue el primero de los hermanos en llegar a España junto con su padre. Hoy estudia 3ª de ESO y pretende hacer un grado medio de electromecánica, “no lo voy a dejar a medias” señala. Cuando le preguntamos por sus amigos, Bryan indica que casi todos son españoles, y a pesar de que está a gusto en este país, no se siente español, una afirmación que para Aparicio es evidente.

“Que los hijos de los inmigrantes no se sientan españoles me parece absolutamente normal, no quiere decir que no se sienta bien aquí. Yo soy colombiana de origen, llevo muchos años aquí, tengo la nacionalidad pero me siento colombiana y me siento perfectamente integrada. Mis raíces y antepasados han estado en otro sitio” destaca la socióloga.

“En Estados Unidos difieren en la identificación, pero porque los norteamericanos viven mucho su patria y nacionalidad. En España no es así y los chicos no tienen esa estimulación”. Rosa Aparicio destaca que “la sociedad norteamericana está formada por inmigrantes. En las sociedades europeas eso no ocurre, porque sentimos que son originarios de aquí, y entonces lleva a afirmar mi identidad”.

DISCRIMINACIÓN Y ORIGEN

A la pregunta de si se han sentido discriminados por su raza o nacionalidad, la mayoría de padres entrevistados coincide en que “nunca”, casi un 60%, algo que la investigadora del Instituto Ortega y Gasset ve como “muy positivo, porque se integran mejor si siente que la gente los reconoce y los recibe bien.La discriminación es uno de los factores más importantes para la ausencia de integración, porque si uno se siente discriminado se tiende a arrinconar”.

Los Puma Rodríguez también señalan que ninguno ha sentido en España algún tipo de discriminación.

Asímismo, la mayoría de los padres encuestados en Madrid están de acuerdo con que los hijos se eduquen de acuerdo a las costumbres españolas, pero eso sí, es muy importante, según opina la gran parte de los encuestados, que los chicos conozcan el país de donde vienen. Por eso Alicia ha intentado que sus hijos no olviden sus orígenes y amen a Ecuador.

Estudios de EE.UU. demuestran que los hijos de inmigrantes que tienen una buena conexión con la cultura de destino pero que perciben positivamente su propio grupo de origen se integran mejor. “Si uno siente que su grupo de origen es un grupo desvalorizado, tiende a compensar eso con otras cosas. El rechazo a la cultura de origen de los padres es negativo para la integración”, concluye Aparicio.

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