Crónicas

Francia, un difícil fin de año entre nieve y políticos
Publicado el enero 2, 2011 por Audrey Cordova

París, 01.01.2011

Ciervo al horno, el foie gras y el champagne esperando en la nevera, y desde la ventana, la nieve cayendo en el jardín. Josiane Rampant, una abuela de 67 años, preparaba la típica cena navideña francesa, aunque preocupada por su hijo que venía de la ciudad de Reims al noreste del país, en coche. “Espero que no tengan problemas para llegar. Me estoy preocupando.” Tomillo, sal, pimienta, chalote, aceite de oliva son los aromas para una Guigne de chevreuil, un plato común entre las familias francesas para la Nochebuena, como el capón o el pavo. Pero para estos jubilados y como para muchas familias francesas el fin de mes no ha permitido comprar el capón ya que es un animal criado especialmente para las fiestas y por lo tanto costoso.

“Ya verás cómo va nevar aún más. Nunca me equivoco”, decía Guy, el marido de Josiane regresando del trabajo. Este hombre de 72 años, legalmente jubilado desde el 2003, sigue siendo artesano pintor-carpintero. “Yo creé mi empresa en los años 70, he sido un autónomo toda mi vida. Trabajé desde los 14 años y la pensión, o los años que he supuestamente cotizado, son muy justos para llegar al fin de mes”.

Sonó el timbre. Fabien, el hijo mayor, por fin llegaba con sus dos hijos, después de casi tres horas de ruta por causa de la nieve, en vez de una hora y media desde Reims. Este hombre de 45 años, también artesano pintor-carpintero y autónomo explicaba cómo la situación se está complicando para las pequeñas empresas. “El problema actual es que el gobierno está fijando unas tasas y unos impuestos demasiados altos para permitir a los pequeños empresarios llevar una empresa con unos cuantos obreros o empleados. En vez de ayudarnos el gobierno nos está arruinando.” Desde la ventana de la cocina la nieve se había puesto a caer aún más.

En este pequeño pueblo llamado Fontaine-Mâcon, situado a una hora de París, como en el resto de Francia, la nieve había llegado desde el mes de noviembre. Una voz en la televisión anunciaba: “Casi la mitad de los vuelos desde París Charles De Gaulle están anulados, mucha gente tendrá que pasar la Nochebuena en el aeropuerto”. El 35 % de los vuelos fueron anulados. A las dos y media de la tarde, 2000 personas eran evacuadas del Terminal 2 del aeropuerto parisino por causa de la nieve acumulada en el techo, casi 60 cm. Pierre Graff, el director del aeropuerto de Paris, pedía disculpas a los viajeros y explicaba también que las reservas de sal y de anticongelante sólo bastarían para unas 10 horas y que se esperaban nuevos pedidos desde los Estados Unidos. Esto supuso un escándalo entre los pasajeros que pedían que sus billetes fueran reembolsados.

El este de Francia estaba completamente bloqueado por causa de la caída de la nieve y por la acumulación de hielo en las rutas y por eso las autoridades aconsejaban a los automovilistas no conducir. Mientras la televisión seguía encendida se podía ver cómo miles de automovilistas estaban bloqueados en las autopistas por causa del temporal. Como la mitad de Europa, el tráfico estaba siendo muy perturbado y el país galo había sido sorprendido por la importante caída de nieve. Tan sorprendido que las reservas de sal y de anticongelante para las rutas y los aviones no habían aguantado frente al mal tiempo. “Los proveedores del anticongelante están, ahora mismo saturados. Estoy muy descontento. Se hubiera podido evitar esta situación ya que en esta época es normal que en Francia nieva de esta manera”, añadía el director del Aeropuerto de Paris.

Mientras tanto las principales estaciones de tren, también afectadas, pedían a sus viajeros adelantar sus salidas ya que muchos trenes podrían tener retrasos. El hecho es que el TVG (lo que sería el AVE en España) circulaba a 170km por hora en vez de los 300km por hora en tiempo normal.

Según los expertos, no había nevado de esta forma desde 1970. El fin de semana del 25 de diciembre fue el más frío con temperaturas hasta veinte grados bajo cero en zonas del el país.

Durante la semana, Thérèse y Daniel Mélier, jubilados y amigos de los Rampant, fueron invitados a tomar la Galette des Rois, un pastel de masa de hojaldre con un muñeco escondido. Ellos seguían dudando si podrían ir a ver a su hijo, a unos 60km de Fontaine-Mâcon. “No sabemos como va evolucionar el tiempo. Esperamos que no haya mucho hielo. Esto se hubiera podido evitar. Pero el gobierno como siempre no ha hecho lo que tenía que hacer. De verdad el país se esta hundiendo cada vez más con este gobierno que no hace más que quitarle el dinero a la clase media y a los obreros”, declaraba Daniel, también autónomo.

Otros jubilados invitados, la familia De France, agricultores con bastantes tierras argumentaban que el futuro estaba en la extrema derecha. “Los deseos del presidente para el 2011 han sido muy sosos. El partido socialista de Martine Aubry no sabe hacer otra cosa que criticar a Sarkozy. No sé si han visto el discurso de Marine Le Pen, la futura presidenta del Front Nacional (partido de extrema derecha), pero ha sido la única en hablar de arremangarse y de seguir luchando. Yo de verás no creo que el UMP (partido de Sarkozy) llegue a la segunda vuelta del 2012. ¡Espero que lleguen los del Front Nacional!”, explicaba Michel De France.

Estas declaraciones de unos jubilados en un pueblo francés muestran el estado de ánimo de la gran mayoría de los franceses jubilados y de algunos más jóvenes. De hecho, según un artículo publicado en Le Monde, los franceses son los campeones del pesimismo en Europa.

La crisis por el temporal no ha hecho más que remover la herida y esto se ha sumado a un año 2010 difícil para Francia y sobre todo para el gobierno. Nicolas Sarkozy acaba el año con una cuota de popularidad que no llega al 30%. Entre otras cosas ha sido el año de los escándalos entre los políticos y amigos cercanos del presidente francés, como la implicación de Eric Woerth, ministro del Trabajo en ese momento, en unas irregularidades de la financiación del partido de Sarkozy y en el dossier Bettencourt.

Fue también el año de una remodelación del gobierno a última hora, una estrategia de campaña electoral para las presidenciales del 2012. Un año de las reformas, de las huelgas y de más de 4 millones de parados. Un año malo para el Partido Socialista, principal partido opositor al del presidente. Este partido no logra salir de sus conflictos internos y eso impide su credibilidad frente a la sociedad francesa. Un año con sorpresas políticas, algunas más buenas que otras, como el éxito del partido Europe Écologie, partido verde, y otras malas como la aumentación de la popularidad del partido de extrema derecha, el Front National.

En 2011 el presidente francés tendrá que asumir dos cargos a nivel internacional: la presidencia del G-20 y del G-8. Pero las polémicas sobre la actitud de Francia junto con Alemania en la toma de decisiones de orden europeo han debilitado de cierta forma la credibilidad del país galo a nivel regional.

La ministra de Economía, Christine Laguarde ha asegurado hace unos pocos días que Francia había salido de la crisis y que se esperaba un crecimiento de 1,5% del PIB en el 2011, sin embargo el país tendrá también que hacer frente a un déficit público enorme.

Dos periodistas franceses siguen retenidos por los talibanes en Afganistán, mientras tanto la sociedad francesa se pregunta si los soldados franceses deberían o no seguir su misión en ese mismo país, después de la muerte de dos soldados los 17 y 18 de diciembre pasados. Desde que empezó la misión del ejército francés en ese país hace una década, 52 soldados han muerto.

El año 2011 será, por lo tanto, el último año de Nicolas Sarkozy al poder del gobierno francés antes de las presidenciales de 2012. Será preciso observar con mucho interés la evolución de la clase media y obrera francesa, tanto a nivel económico como a nivel ideológico. Observar también la vida política del país, ya que según las estadísticas, Marine Le Pen, del Front Nacional, es la única candidata con potencial para 2012.

“Nosotros hemos nacido durante la Segunda Guerra Mundial. Nos acordamos de lo que pasó y de lo que nuestros padres nos han contado. Sin embargo no creo que todas las personas de nuestra edad y las generaciones más jóvenes se acuerden de cómo llegaron al poder los partidos extremistas en Europa”, confiaba Josiane Rampant terminando de ordenar su cocina después de que sus invitados se hubieran ido por fin.

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Ser premio Nobel, un terror feliz

Después de haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa presentó a los madrileños su nueva novela, El Sueño del Celta, en los Teatros del Canal el pasado 3 de noviembre.

A las seis de la tarde, unas cuantas personas hacían cola en los Teatros del Canal. En poco tiempo mucha gente empezaba a llegar. Algunos traían la nueva novela del Premio Nobel en una bolsa de la FNAC. Otros la llevaban en mano, en sus brazos como un objeto precioso o una reliquia. Gente arreglada, gente formal, gente normal. Escritores, bibliotecarios, ejecutivos, estudiantes, funcionarios, anónimos. Apasionados. Como no podían faltar, también los periodistas estaban presentes: cámaras, trípodes, libretas y lápices: todo estaba listo para la gran presentación.

Hacía ya casi un mes que el titular salía en todos los medios de comunicación:  Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010. El escritor peruano fue premiado por la Academia Sueca por su obra de “cartografía de las estructuras del poder”. En poco tiempo las felicitaciones públicas aparecían en todos los medios de comunicación. Las videoconferencias, las biografías, los programas especiales o archivos de entrevistas retrataban en breves minutos la vida del autor. La noticia  pilló desprevenido a Vargas Llosa en Estados Unidos. En varias declaraciones, dejaba reflejar una gran sorpresa y al mismo tiempo cierto alivio, y sobre todo felicidad.

Madrid, su ciudad y una amiga durante casi toda su vida, después de Lima, estaba ansiosa por volver a dar la bienvenida a uno de los más grandes novelistas de nuestra época. Los numerosos premios que se le han otorgado ya hablan por sí mismos, como el Premio Cervantes en 1994 u otros destacados como el Premio Nacional de Novela del Perú por La casa verde (en 1967) o el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (España-1986). En 1993 le fue concedido el Premio Planeta por su novela Lituma en los Andes. Por último, el Premio Biblioteca Breve, que se le otorgó por La ciudad y los perros (1963) y que marcó el inicio de su gran carrera literaria.

Ya eran las siete y desde la entrada de los teatros se podía ver una cola perderse hasta la boca del metro. La alegría en el ambiente era palpable. Todos hablaban del autor premiado, ansiosos por verle, saludarle, felicitarle.

En el hall, los preparativos ya se terminaban. Los libros del autor estaban listos para los apasionados o los curiosos. A través de las ventanas se veía gente correr. Los periodistas entraron. Se alborotó la gente: había llegado el arequipeño a los Teatros del Canal.

La expectación fue aún más fuerte cuando, por fin, se abrieron las puertas. El público entró y las personalidades invitadas aparecieron. Dentro, Patricia Llosa, la esposa del Premio Nobel recibía y saludaba los invitados, mientras más de veinte fotógrafos y cámaras descargaban sus flashes. Presentes estaban también para la gran ocasión los escritores peruanos, discípulos y amigos del Nobel, Fernando Wasaki y Jorge Eduardo Benavides. Entre los invitados más destacados se encontraban actores como Aitana Sánchez Gijón o políticos como la Presidenta la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que estuvo posando con Patricia Llosa más de diez minutos. Las cámaras de CNN+, cadena que iba a retransmitir la charla con el Premio Nobel e Iñaki Gabilondo, apuntaban todas al escenario y a la multitud de gente que se había congregado.

Cuando todos ya se habían sentado unos minutos más tarde, Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, subió al escenario y presentó en un discurso breve la remarcable trayectoria de Mario Vargas Llosa y su historia con la editorial. “Esta novela es un trabajo intelectual pero también físico en el que, Mario Vargas Llosa, denuncia los horrores del colonialismo. En esta obra, están mezclados el mejor novelista y el más agudo intelectual. Sin más dilación os dejo con Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura 2010.”

Iñaki Gabilondo, como siempre sereno y pausado, fue el primero en aparecer en el escenario, seguido por el escritor. Los aplausos se hicieron aún más intensos y el público se levantó para rendir homenaje al maestro durante casi más de un minuto.

Cuando se sentaron los dos hombres empezó lo que no era una simple entrevista sino una verdadera charla.“Mario Vargas Llosa, es un honor tenerle aquí. Todos lo estamos celebrando con usted. Felicidades.” El autor peruano parecía contento pero también la fatiga se podía reflejar en su rostro. “Muchísimas gracias Iñaki. Estoy enormemente conmovido y agradecido por la manera en como España ha recibido este premio.” La entrevista empezaba con la felicitación por el premio y continuaba con la minuciosa investigación que aparece en la novela.

El sueño del Celta es el resultado de varios años de trabajo de búsqueda y de recuperación de información. El autor se desplazó a África y Suramérica para seguir, de cierta forma, los pasos del protagonista de su nueva novela: Roger Casement, un diplomático de origen irlandés, que trabajaba para el gobierno inglés en los años 1900.

“Leí una biografía de Conrad y la primera persona que él veía al llegar a África era Casement. Hizo un informe muy minucioso sobre las atrocidades también que se cometían en la Amazonía peruana. Me intrigaba. Era un personaje de novela.” Roger Casement creó el primer puesto consular británico en el Congo. “Llega como cónsul y se encuentra con el horror. Él estaba convencido, como muchos europeos, de que Europa llevaba las buenas maneras, la religión, la democracia, la prosperidad con el comercio. Pero en África descubre que la colonización era algo monstruoso y había llevado a crímenes indescriptibles, a la tortura por la pérdida de humanidad.”

“Todas sus ideas, sus convicciones fueron derrumbadas. Él empieza una transformación moral, política, cultural que lo lleva a comprender el colonialismo y luego a colectar sus horrores. Y poco a poco lo relaciona con Irlanda. Se convierte en un hombre completamente nuevo y trabaja para la independencia irlandesa aún siendo cónsul.” Con una destreza inigualable para contar, Vargas Llosa narraba brevemente a los oyentes  la evolución intelectual de uno de los primeros europeos que descubrió la barbarie del colonialismo y que la denunció.

Iñaki Gabilondo preguntó también sobre la posibilidad de que no volviese a escribir después del premio. “Eso no, de ninguna manera. Los premios halagan la vanidad. Traen muchas cosas gratas. Pero para un escritor lo fundamental es ese encuentro a solas con las páginas en blanco, con una idea en la cabeza, unos personajes y la gran ilusión de ver como poco a poco se convierte en una historia. No hay premio Nobel que valga. Es un terror feliz.”

El entrevistador concluía preguntando sobre la experiencia que ha vivido el escritor durante sus viajes. “Mira, Iñaki, lo que más me ha marcado es cuando llegué a un pequeño pueblo congolés y me encontré con un campamento de refugiados. El doctor que me acompañaba me dijo “Esto no es lo peor señor, son las violaciones.”Entonces esas monstruosidades no son cosas del pasado, están muy cerquita de nosotros. Y no sabemos como reaccionar o qué hacer. Es quizás la experiencia mas atroz que he vivido en mi vida.” A través de esta nueva novela y a través de la vida del diplomático, Mario Vargas Llosa hace de su obra una denuncia de un país que sigue sufriendo las consecuencias de la colonización.

Como todo tiene su fin, Iñaki se despedía pidiendo a la audiencia los aplausos que merece el escritor. Más de mil personas se levantaron, esta vez, para despedir al madrileño.

Eran ya casi las nueve cuando empezaba el cóctel que se celebraba justo después de la charla. En el hall de los teatros, el ambiente era cordial, amistoso, casi familiar. El Pisco Sour y los canapés desfilaban entre los invitados.

Entre ellos se encontraban también Carmen Delgado, cocinera chef del restaurante peruano “La Gorda”, y amiga del escritor. “Esta noche es muy especial para él. Es la primera vez que se le concede un Premio Nobel a un peruano”, indicaba sonriendo.

“Estoy muy contenta de poder asistir a la presentación de su nueva novela. Es realmente un escritor y periodista remarcable. Tuve la ocasión de trabajar con él en junio de este año. Mario respondió a la invitación que le hicimos en la Librería Malasaña”, contaba Ana González Wonham con entusiasmo, guionista del programa “Los oficios de la cultura” en la 2 de TVE.

Verónica, secretaria del autor, atendía a los afortunados invitados durante la pequeña recepción. Como toda persona notoria o famosa, la secretaria es indispensable. El premio Nobel se acercaba al momento de los saludos, encuentros y reencuentros con los invitados. “¡Mario! ¡Felicidades! ¿Cómo estás?”, “¡Mario! ¡Tanto tiempo! Enhorabuena”. Entonces llegaba Mario Vargas Llosa, al encuentro, seguido por las cámaras y los periodistas.

Libros que dedicar, manos que estrechar, sonrisas y agradecimientos. “¡Hola! ¿Qué tal? ¿A ti te conozco, verdad?” Saludaba con una sonrisa, un hombre canoso y alto, el periodista, el escritor, el peruano.

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