La no noticia del año

Años, meses, semanas y días que se esperaba la gran noticia: Nicolas Sarkozy es candidato a las elecciones francesas que se celebrarán en los próximos meses de abril y de mayo.

Por fin (o no) el presidente saliente de la República francesa, del partido UMP (Union pour un Mouvement Populaire), decidió dar el paso y convertirse en un candidato más a las elecciones que ya cuentan con cinco otros, principales candidatos, aunque otros muchos más también se presenten: François Hollande (Parti Socialiste), François Bayrou (Modem; centro-derecha), Marine Le Pen (Front National, extrema derecha), Eva Joly (Europe Écologie, los Verdes) y Jean Luc-Mélenchon (Front de Gauche).

La euforia que llevan los medios franceses desde varios meses con los gestos y las palabras de Sarkozy demuestra que el petit Nicolas no ha dejado de ser el de siempre. Como ya lo ha contado varias veces Mediapart, algunas veces la situación de los medios de comunicación, en Francia durante la era Sarkozy, no fue más que un juego entre el poder político y los medios de comunicación.

Por lo tanto la manipulación del presidente electo de los medios de comunicación sigue aplicándose. Sabe que todos miraran sus declaraciones en las redes sociales y sabe que le filmarán en todas partes y sabe llamar el foco de atención sobre su persona, porque los medios estarán detrás de el.

Tuvo su cuarto de hora de gloria, como lo decía Andy Warhol (15 minutes of fame), antes de lanzarse en la carrera, en su discurso emitido en la cadena de televisión privada TF1, una cadena que pertenece al grupo BouyguesTelecom (uno de los mayores grupos empresariales franceses).

Ahora pues, la noticia no era noticia. Cuantas veces el presidente había aludido, mencionado o se había referido a las elecciones de 2012, cuando en su última entrevista con los mediso televisivos franceses dijo “Estaré presente a la cita. Y el día está llegando muy rápido”.

Ahora que los medios han analizado, observado todos los gestos y movimientos del presidente estaría bien centrarse en lo que realmente interesa a la sociedad francesa:

¿Qué programas? ¿Qué se defiende? ¿Quién tendrá la espalda suficientemente ancha como para aguantar el peso de la crisis que, aunque no parezca, también está presente en Francia. ¿Quién podrá decir a los obreros que las fábricas no se irán a China? ¿Quién volverá a preocuparse de las banlieues, y no utilizarlas como una herramienta para ganar votos, sino interesarse por la gente que vive allí y que, muchas veces, es parte de una sociedad fallida?

Voilà. Aquí estamos una vez más, cuatro años después, rumbo a las urnas de las mairies francesas y con la típica frase de “A voté”.

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