Cómo hablar de Venezuela sin hablar de Venezuela

El miércoles 7 de febrero fui al coloquio que organizaba la Casa América, Venezuela: el pulso político en el año electoral. Como se explica en la presentación del acto, el coloquio (conversación entre dos personas o reunión en que se convoca a un número limitado de personas para que debatan un problema, sin que necesariamente haya de recaer acuerdo, según la RAE) iba de los partidos políticos que hacen campaña en la oposición al actual dirigente y el partido de este mismo, Hugo Chávez. Sus estrategias y sus programas eran el tema del coloquio. Entusiasmada fui acompañada por unos compañeros de clase, dispuestos a aprender algo sobre la situación en Venezuela.

El primer ponente, el argentino Guillermo Hirschfeld hizo una descripción simplista de la situación actual en Latinoamérica, sin ningún dato y utilizando un léxico catastrófico hablando de algunos países que se basan en el populismo y comunismo.

Mencionó las primarias venezolanas brevemente y su “estrategia política” pero sin definirla. Al mismo tiempo se limitó a decir que “Venezuela tiene los índices de violencia más altos del mundo”. Afirmación discutible, si pensamos en México o en Colombia.

El otro ponente, el chileno Marcos Roitman, empezó a contrastar el anterior discurso aportando datos como el índice de GINI o la evolución del paro en Venezuela desde 1999 y 2010, de 14% pasó a 8%. Por último hizo una pregunta (y quizás la única del coloquio) bastante interesante ¿Será capaz de perder la oposición?

Empezó a desarrollar la teoría que todos los partidos derechistas nunca supieron perder y fueron los que reaccionaron con golpes de estado. Otra afirmación muy discutible. ¿A caso los partidos de izquierda nunca realizaron un golpe de estado?

La hora iba pasando y nos dábamos cuenta de que el coloquio no iba de las elecciones de Venezuela sino de dos ideas opuestas en Latinoamérica y en el resto del mundo desde hace siglos.

Un argentino y un chileno, los dos principales ponentes, hablaron de Venezuela sin hablar de Venezuela. El tercer poniente era un español que por lo menos tuvo la dignidad de limitar su discurso ya que no estaba tan preparado como hubiera tenido que estar.

No hubo ni un venezolano en la mesa, lo que lleva a pensar que en la Casa América los venezolanos no tienen derecho de palabra me comentaba una compañera de clase y venezolana. El tema fue el enfrentamiento de los comunistas, capitalistas, populistas y liberales pero ni se hablo de lo que están viviendo los venezolanos. De lo que realmente vive el país tanto en un bando como en el otro.

No se preocuparon en ningún momento en dejar sus ideologías e intentar hablar de Venezuela y su política.

Hasta en alguna ocasión se comparó el nacional-socialismo con el socialismo además de asegurar que todos los sistemas que no fueron capitalistas causaron la muerte de millones de personas o genocidios, cuando en realidad da igual si es el capitalismo u otro sistema, “el hombre es un lobo para el hombre”, no se olvide.

Fui a quejarme al moderador pero vino otra persona que supongo era de la organización del coloquio. Me explicó que por motivos de agenda no pudieron asistir los ponentes venezolanos y que por lo tanto, en adelante, se haría otra charla.

Una pena que se haya realizado sin los ponentes venezolanos porque al final no aprendí nada sobre los partidos, las elecciones venezolanas y sus programas.

Un fallo que se hubiera podido evitar cuando un público viene interesado para asistir a un coloquio sobre Venezuela: el pulso político en el año electoral y no a ver un show demagógico.

El discurso de la charla demuestra una vez más la falta de reflexión de los propios intelectuales latinoamericanos y en general de todos, que seguimos con nuestras infatigables luchas del comunismo frente al capitalismo o vice versa, cuando lo que no está ni en práctica, muchas veces, es la democracia y no se actúa para llegar a ella.

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