“Los girasoles” o la libertad en una hoja

Años que no había pintado y años que no había dado libertad a mis manos para coger un lapíz y acariciar un hoja en blanco.

Una forma más de dar una vuelta al mundo o simplemente una vuelta en una calle de mi barrio.

Cambiar de aire, cambiar de ciudad o cambiar de cara con tan solo un lapíz  y una hoja en blanco.

Una hoja que espera, sin saber el qué, pero que espera algo.

Una caricia, un soplo de aire, unos dedos para que el trazado negro se convierta en un manto gris y fino.

La hoja espera un texto, un dibujo, una carta de amor, un cómic o simplemente un pequeño :) .

La hoja virgen, es blanca y no tiene nada que esconder. Completamente desnuda ante el que la posee, hasta que algún día la vestirá de algo.

Y sea lo que sea, la vestirá de libertad. Porque es cuando uno dibuja o escribe en es trozo blanco que uno puede volar al Machu Pichu o a un lugar perdido en el campo.

Porque sin esa hoja blanca no seriamos lo que somos. Libres de coger un lapíz e imaginar lo que uno desea, lo que uno quiere o lo que a uno le gustaría vivir algún día.

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