Ser premio Nobel, un terror feliz

Después de haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa presentó a los madrileños su nueva novela, El Sueño del Celta, en los Teatros del Canal el pasado 3 de noviembre.

A las seis de la tarde, unas cuantas personas hacían cola en los Teatros del Canal. En poco tiempo mucha gente empezaba a llegar. Algunos traían la nueva novela del Premio Nobel en una bolsa de la FNAC. Otros la llevaban en mano, en sus brazos como un objeto precioso o una reliquia. Gente arreglada, gente formal, gente normal. Escritores, bibliotecarios, ejecutivos, estudiantes, funcionarios, anónimos. Apasionados. Como no podían faltar, también los periodistas estaban presentes: cámaras, trípodes, libretas y lápices: todo estaba listo para la gran presentación.

Hacía ya casi un mes que el titular salía en todos los medios de comunicación:  Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010. El escritor peruano fue premiado por la Academia Sueca por su obra de “cartografía de las estructuras del poder”. En poco tiempo las felicitaciones públicas aparecían en todos los medios de comunicación. Las videoconferencias, las biografías, los programas especiales o archivos de entrevistas retrataban en breves minutos la vida del autor. La noticia  pilló desprevenido a Vargas Llosa en Estados Unidos. En varias declaraciones, dejaba reflejar una gran sorpresa y al mismo tiempo cierto alivio, y sobre todo felicidad.

Madrid, su ciudad y una amiga durante casi toda su vida, después de Lima, estaba ansiosa por volver a dar la bienvenida a uno de los más grandes novelistas de nuestra época. Los numerosos premios que se le han otorgado ya hablan por sí mismos, como el Premio Cervantes en 1994 u otros destacados como el Premio Nacional de Novela del Perú por La casa verde (en 1967) o el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (España-1986). En 1993 le fue concedido el Premio Planeta por su novela Lituma en los Andes. Por último, el Premio Biblioteca Breve, que se le otorgó por La ciudad y los perros (1963) y que marcó el inicio de su gran carrera literaria.

Ya eran las siete y desde la entrada de los teatros se podía ver una cola perderse hasta la boca del metro. La alegría en el ambiente era palpable. Todos hablaban del autor premiado, ansiosos por verle, saludarle, felicitarle.

En el hall, los preparativos ya se terminaban. Los libros del autor estaban listos para los apasionados o los curiosos. A través de las ventanas se veía gente correr. Los periodistas entraron. Se alborotó la gente: había llegado el arequipeño a los Teatros del Canal.

La expectación fue aún más fuerte cuando, por fin, se abrieron las puertas. El público entró y las personalidades invitadas aparecieron. Dentro, Patricia Llosa, la esposa del Premio Nobel recibía y saludaba los invitados, mientras más de veinte fotógrafos y cámaras descargaban sus flashes. Presentes estaban también para la gran ocasión los escritores peruanos, discípulos y amigos del Nobel, Fernando Wasaki y Jorge Eduardo Benavides. Entre los invitados más destacados se encontraban actores como Aitana Sánchez Gijón o políticos como la Presidenta la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que estuvo posando con Patricia Llosa más de diez minutos. Las cámaras de CNN+, cadena que iba a retransmitir la charla con el Premio Nobel e Iñaki Gabilondo, apuntaban todas al escenario y a la multitud de gente que se había congregado.

Cuando todos ya se habían sentado unos minutos más tarde, Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, subió al escenario y presentó en un discurso breve la remarcable trayectoria de Mario Vargas Llosa y su historia con la editorial. “Esta novela es un trabajo intelectual pero también físico en el que, Mario Vargas Llosa, denuncia los horrores del colonialismo. En esta obra, están mezclados el mejor novelista y el más agudo intelectual. Sin más dilación os dejo con Mario Vargas Llosa, premio Nobel de literatura 2010.”

Iñaki Gabilondo, como siempre sereno y pausado, fue el primero en aparecer en el escenario, seguido por el escritor. Los aplausos se hicieron aún más intensos y el público se levantó para rendir homenaje al maestro durante casi más de un minuto.

Cuando se sentaron los dos hombres empezó lo que no era una simple entrevista sino una verdadera charla.“Mario Vargas Llosa, es un honor tenerle aquí. Todos lo estamos celebrando con usted. Felicidades.” El autor peruano parecía contento pero también la fatiga se podía reflejar en su rostro. “Muchísimas gracias Iñaki. Estoy enormemente conmovido y agradecido por la manera en como España ha recibido este premio.” La entrevista empezaba con la felicitación por el premio y continuaba con la minuciosa investigación que aparece en la novela.

El sueño del Celta es el resultado de varios años de trabajo de búsqueda y de recuperación de información. El autor se desplazó a África y Suramérica para seguir, de cierta forma, los pasos del protagonista de su nueva novela: Roger Casement, un diplomático de origen irlandés, que trabajaba para el gobierno inglés en los años 1900.

“Leí una biografía de Conrad y la primera persona que él veía al llegar a África era Casement. Hizo un informe muy minucioso sobre las atrocidades también que se cometían en la Amazonía peruana. Me intrigaba. Era un personaje de novela.” Roger Casement creó el primer puesto consular británico en el Congo. “Llega como cónsul y se encuentra con el horror. Él estaba convencido, como muchos europeos, de que Europa llevaba las buenas maneras, la religión, la democracia, la prosperidad con el comercio. Pero en África descubre que la colonización era algo monstruoso y había llevado a crímenes indescriptibles, a la tortura por la pérdida de humanidad.”

“Todas sus ideas, sus convicciones fueron derrumbadas. Él empieza una transformación moral, política, cultural que lo lleva a comprender el colonialismo y luego a colectar sus horrores. Y poco a poco lo relaciona con Irlanda. Se convierte en un hombre completamente nuevo y trabaja para la independencia irlandesa aún siendo cónsul.” Con una destreza inigualable para contar, Vargas Llosa narraba brevemente a los oyentes  la evolución intelectual de uno de los primeros europeos que descubrió la barbarie del colonialismo y que la denunció.

Iñaki Gabilondo preguntó también sobre la posibilidad de que no volviese a escribir después del premio. “Eso no, de ninguna manera. Los premios halagan la vanidad. Traen muchas cosas gratas. Pero para un escritor lo fundamental es ese encuentro a solas con las páginas en blanco, con una idea en la cabeza, unos personajes y la gran ilusión de ver como poco a poco se convierte en una historia. No hay premio Nobel que valga. Es un terror feliz.”

El entrevistador concluía preguntando sobre la experiencia que ha vivido el escritor durante sus viajes. “Mira, Iñaki, lo que más me ha marcado es cuando llegué a un pequeño pueblo congolés y me encontré con un campamento de refugiados. El doctor que me acompañaba me dijo “Esto no es lo peor señor, son las violaciones.”Entonces esas monstruosidades no son cosas del pasado, están muy cerquita de nosotros. Y no sabemos como reaccionar o qué hacer. Es quizás la experiencia mas atroz que he vivido en mi vida.” A través de esta nueva novela y a través de la vida del diplomático, Mario Vargas Llosa hace de su obra una denuncia de un país que sigue sufriendo las consecuencias de la colonización.

Como todo tiene su fin, Iñaki se despedía pidiendo a la audiencia los aplausos que merece el escritor. Más de mil personas se levantaron, esta vez, para despedir al madrileño.

Eran ya casi las nueve cuando empezaba el cóctel que se celebraba justo después de la charla. En el hall de los teatros, el ambiente era cordial, amistoso, casi familiar. El Pisco Sour y los canapés desfilaban entre los invitados.

Entre ellos se encontraban también Carmen Delgado, cocinera chef del restaurante peruano “La Gorda”, y amiga del escritor. “Esta noche es muy especial para él. Es la primera vez que se le concede un Premio Nobel a un peruano”, indicaba sonriendo.

“Estoy muy contenta de poder asistir a la presentación de su nueva novela. Es realmente un escritor y periodista remarcable. Tuve la ocasión de trabajar con él en junio de este año. Mario respondió a la invitación que le hicimos en la Librería Malasaña”, contaba Ana González Wonham con entusiasmo, guionista del programa “Los oficios de la cultura” en la 2 de TVE.

Verónica, secretaria del autor, atendía a los afortunados invitados durante la pequeña recepción. Como toda persona notoria o famosa, la secretaria es indispensable. El premio Nobel se acercaba al momento de los saludos, encuentros y reencuentros con los invitados. “¡Mario! ¡Felicidades! ¿Cómo estás?”, “¡Mario! ¡Tanto tiempo! Enhorabuena”. Entonces llegaba Mario Vargas Llosa, al encuentro, seguido por las cámaras y los periodistas.

Libros que dedicar, manos que estrechar, sonrisas y agradecimientos. “¡Hola! ¿Qué tal? ¿A ti te conozco, verdad?” Saludaba con una sonrisa, un hombre canoso y alto, el periodista, el escritor, el peruano.

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